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Testimonio de sobrevivientes

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Era como si los terroristas jugaran a la escondida con nosotros

  • Tamir L.'s story

Por primera vez en mi vida me sentí realmente en peligro

Estoy en mi apartamento en Tel Aviv, tratando de pensar si escribir, qué escribir, y no estoy seguro exactamente de qué hacer.


Esta es la primera vez desde la atrocidad del 7 de octubre que estoy solo, no rodeado por mi familia o amigos. Los últimos días han sido desgarradores, dándome cuenta por un lado lo frágil que es la vida y por el otro, cuánto amor y apoyo me rodea; algo por lo que estoy profundamente agradecido.


He decidido compartir mi historia con el mundo.


Todo comienza en una tarde de viernes. Mi familia y yo celebrábamos el cumpleaños de mi padre en un restaurante de Netanya - irónicamente, mi papá nació el día del estallido de la Guerra de Yom Kippur. Después de la reunión, recogí a mis amigos Ron de Tel Aviv, y Yuval de Rehovot y salimos hacia la fiesta que habíamos estado esperando ansiosamente durante mucho tiempo.


Las rutas estaban tranquilas y el viaje placentero en mi Nissan Tiida modelo 2009 - nuestro vehículo oficial de transporte a festivales. Nos dirigimos a la ubicación que nos mandaron los organizadores de la fiesta en un mensaje de texto ese mismo día (ellos revelan la ubicación a último momento para mantener la expectativa).


El festival era en la región fronteriza con Gaza. Recuerdo haber estado allí mismo para otro festival al aire libre llamado 'Moksha' hace unos dos años. Me sentí seguro de volver a ese lugar.


Yuval y yo estuvimos esperando el evento durante mucho tiempo. Durante el viaje me enteré de que Ron, que había comprado su boleto de otro, le había hecho una transferencia electrónica y recibió el código de barras correspondiente. En los días previos a la fiesta, los organizadores publicaron explícitamente que no se permitían transferencias de boletos y que se les impediría la entrada a quienes tuvieran tickets que no coincidieran con su documento de identidad. Nosotros no le dimos mucha importancia, pero Ron estaba bastante ansioso por eso. Pese a todo, entró sin problemas.


Al llegar, nos asombró descubrir lo grande que era el festival. Generalmente íbamos a eventos más íntimos. Uno se sentía algo desubicado al llegar. La pista de baile principal (la razón fundamental por la que llegamos) no estaba aún lista, así que decidimos dirigirnos a la pista secundaria, donde empezamos a vivir un poco la atmósfera de la fiesta. Me impresionó qué gente hermosa había, cómo se habían adornado para la ocasión y el ambiente festivo que reinaba.


"Esos momentos quedarán grabados para siempre en mi memoria."

A las seis de la mañana, el amanecer marcó el real comienzo de la fiesta. De repente, hubo explosiones, y en cuestión de segundos, los organizadores anunciaron que todo quedaba cancelado. Yuval y yo nos refugiamos cerca de donde estaba mi amigo Ofek, que nos había estado ayudando a organizarnos desde que llegamos. Después de que varios misiles volaron en nuestra dirección nos dimos cuenta de que era más seguro alejarnos. Juntamos algunas pertenencias y buscamos un lugar protegido.


Las salidas de emergencia del complejo se abrieron y la gente empezó a salir presa del pánico. Intentamos buscar nuestro vehículo. Esos momentos quedarán grabados para siempre en mi memoria.


Mientras corría, intenté llamar a la policía hasta que finalmente respondieron. Todo lo que pude hacer fue gritar: ¡hay terroristas disparándonos!


Salimos por un camino de tierra con muchos otros autos, rogando que los otros condujeran con cuidado y quedaran a salvo en la salida.


Nunca olvidaré la Ruta 232. Todas las salidas conducían a la misma carretera. Un giro a la derecha hacia el sur y otro a la izquierda hacia el norte y estaríamos camino a casa. Por alguna razón, la policía nos indicó ir a la derecha. No cuestionamos, obedecimos sus instrucciones.


íbamos hacia el sur; Yuval a mi lado y Ron detrás de él. Los bombardeos seguían. Les grité a mis amigos que llamen a la policía para tener instrucciones u orientación pero no hubo respuesta.


Después de unos diez minutos, vimos algunos autos en la carretera y decidimos volver sobre nuestros pasos. Otra vez apuntamos al norte y de pronto vimos un coche blanco con placa de la policía. Redujo la velocidad y nos hizo señas para que nos detuviéramos. Bajamos la ventanilla y el oficial nos gritó: "¡Hay terroristas!"


Nos invadió una oleada de adrenalina inimaginable. Sentí peligro real por primera vez en mi vida. Un segundo después de esa advertencia los vimos en el horizonte; un grupo vestido de negro que parecía anunciar que, efectivamente, era el enemigo.


"escuché que Ron decía con calma desde atrás: “Hermano, me dispararon; estoy muerto”."

Dimos la vuelta, y a pesar de mi agitación, traté de poner cara de valiente para mis amigos. Aceleramos hacia el sur. Después de uno o dos minutos, no estoy seguro, vi una vez más algo negro del otro lado de la carretera a lo lejos. Luego estalló el caos.


Los disparos y las explosiones nos sacudieron el auto ya con el parabrisas destrozado. Yuval y yo agachamos las cabezas, y escuché que Ron decía con calma desde atrás: “Hermano, me dispararon; estoy muerto”.


Pensé atropellarlos por un momento pero el coche perdió rápidamente velocidad. El pedal del acelerador no funcionaba y los frenos fallaron. En ese momento sentí que me enfrentaba a la muerte como si fuera un personaje en un juego electrónico que da un giro equivocado y luego intenta corregirse.


Además de aceptar la muerte sentí que eso no tenía sentido; mi historia no podía terminar así; tenía otros planes. No sé qué me pasó, pero puse la palanca de cambio en 'aparcar', levanté el freno de mano y el automóvil se deslizó hacia la derecha. Me desabroché el cinturón de seguridad, agarré el celular y salí corriendo. Nunca olvidaré esa carrera impulsada por el instinto, esperando que una bala me liquidara.


Corrí con Yuval detrás mío. De repente, ya no lo vi. Estaba muerto, así como lo estaba Ron.


Mientras corría, seguí llamando a la policía hasta que respondieron. Todo lo que pude hacer fue gritar: "¡Unos terroristas nos están disparando. Estaba en una fiesta en el sur y ahora no sé dónde estoy!". Vi a algunos tailandeses que trabajaban en los campos. Intenté explicarles lo que pasaba pero tuve que darme por vencido.


Seguí corriendo hasta llegar a moshav Yesha. Vi casas y empecé a gritar pidiendo ayuda. Toqué la puerta, una mujer mayor me abrió y, a los gritos, le conté que había terroristas armados. Ella se asustó y la cerró de golpe. Me dirigí a la siguiente casa; allí me dejaron entrar.


En cuanto entré llamé a mi madre. Ella pensó que yo quería preguntar sobre los bombardeos en Rehovot pero atiné a decirle: "Mamá, los terroristas nos dispararon también a nosotros; Yuval y Ron están muertos". Me uní al grupo de WhatsApp de un amigo y vi que Yuval había enviado un mensaje hacía unos segundos. Agradecí a Dios, Yuval estaba a salvo a solo 100 metros de mí.


Las siguientes horas fueron una mezcla de pánico, incertidumbre y surrealismo. No hubo información actualizada ni del ejército ni de la policía. El dueño de casa seguía leyendo el grupo de WhatsApp del moshav. Después de 27 horas en el moshav Yesha, el sitio donde Yuval y yo volvimos a nacer, un automóvil vino a rescatarnos. Era el tío de Yuval, que nos encontró y nos llevó de regreso a casa.


Los últimos días han sido de los más difíciles de mi vida. Los abrazos recibidos y el amor sin fin que nos han demostrado nos mantienen en pie. La vida ha vuelto oficialmente a empezar. Este ha sido un verdadero shock para todo el sistema del país.


Quiero dejar aquí sentado que la desgracia ha marcado la vida de todos en Israel. Todos aquí hemos sido afectados. Todos sufrimos una pérdida devastadora pero saldremos victoriosos. Eso es indiscutible. Superaremos estos días nefastos manteniendo la unión de nuestro pueblo.


Ron, mi querido amigo, nuestro vínculo fue excepcional aunque nos conectamos a través del trabajo. Los dos teníamos planes para el futuro. Recuerdo cómo soñábamos divertirnos hasta bien entrada la noche en Tel Aviv como solteros, aunque al final siempre te convencía de que hiciéramos una reunión más tranquila en tu apartamento en lugar de ir al bar que tanto te gustaba (lo siento, nunca me sentí cómodo allí).


Siempre atesoraré tu recuerdo y tus últimas palabras. Ellas coinciden perfectamente con tu carácter tranquilo y racional. Estarás en mi corazón para siempre; si a veces hasta siento como si estuvieras todavía hablándome…


Yuval, eres un héroe. Esta experiencia compartida me ha aferrado a ti para siempre. Lo logramos. Pero esto es solo el comienzo. Estamos indefectiblemente unidos para toda la vida. Somos fuertes; superaremos esto juntos.


Tamir

La vida continúa. Es lo más afortunado y, al mismo tiempo, lo más triste. Hemos encontrado una nueva razón a esta nuestra nueva realidad. Nuestra victoria como país radica en la unidad de nuestra gente. Israel superará esta crisis y a partir de ella prosperará aún más.


Tamir L.




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